lunes, 7 de agosto de 2017

Semana mundial de la lactancia materna

Hoy termina la Semana Mundial De La Lactancia Materna y quiero compartir con ustedes algunos de los mensajes públicos y privados que recibí luego de escribir Mi Hija Toma Teta Con Pajita, en donde cuento que mi hija de 15 meses toma la teta con relactador.

Muchas mamás me agradecieron por hablar de una lactancia real, por contar que a veces las cosas no son como nos las cuentan o como las imaginamos.

Sabernos acompañadas, entender que no estamos solas y que hay otras mujeres pasando por situaciones parecidas,  tranquiliza mucho.

Así que me alegra enormemente saber que así termina esta semana de lactancia.

El viernes me invitaron las asesoras de lactancia de la Trinidad de Palermo a contar mi experiencia (me verán en una de las fotos, hasta una corona me dieron las muy divinas!).

Allí conocí al equipo completo de puericultoras que con calidez y tranquilidad acompañan a mamás en sus primeros momentos de lactancia, con la guía de Cristina Malerba. También estaban unas payasas de hospital que se toman muy en serio estos temas. Conté mi experiencia, sí, pero sobre todo conocí las historias de otras mamás que en situaciones duras como es tener a un hijo recién nacido en neonatología, ellas descubrieron que tenían mucha leche. Mucha más de la que necesita un bebé prematuro y decidieron donarla para otros chiquititos que también la necesitan.

Sabrina, la mamá de Manu, que nació a las 30 semanas y pesó 976 gramos, lleva donados 90 litros de leche al Banco de Leche de la Maternidad Sardá. Su bebé ya está en casa y toda la familia ayuda para seguir con este acto solidario.

Ayelén no vive en capital. El nacimiento de Simón la sorprendió aquí en la semana 25 de gestación. El bebé, que ya pesa 5 kilos, pasó un tiempo en neo y su mamá se sacó leche para su hijo. En la Trinidad le prestaron un feezer para que pudiera guardarla y, cuando ya no hubo más lugar, comenzó también a donarla.

#yodoylateta cuando estoy en casa y cuando salgo Lulú toma mamadera. Me gustaría que no opinemos sobre cómo o por qué una mujer da teta, mamadera, leche de fórmula o usa sacaleche. Cada mamá con cada hijo hace lo que puede, lo que le sale y tiene ganas y posibilidades. Acompañemos, demos una mano y seamos solidarias esta semana y el resto del año también.

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jueves, 3 de agosto de 2017

Mi hija toma teta con pajita

Volvimos del sanatorio con una bebita de cinco días que había estado dos de esos cinco, bajo la lámpara y tomando un poco de leche con jeringuita para no salir de la luz que tanto necesitaba.

Había bajado de peso un poco más de lo esperado y la jeringuita vino a casa con nosotros. Yo quería dar la teta. Mucho quería hacerlo. Entonces luego de cada toma, venía una jeringuita. Las familias que hayan pasado por esta situación saben que no es sencillo y que se suma al cansancio, que es mucho.

Habían pasado 5 o 6 días de Lulú en casa y no había hecho caca. “Un bebé de 10 días que no hace caca y no tiene ningún problema del aparato digestivo, está comiendo poquito”, me explicó la pediatra. ¿Cómo podía ser, si yo lo único que hacía era darle la teta? Frustración, cansancio, lágrimas. Pasamos a dos jeringuitas después de cada teta. Mi marido le daba las jeringas mientras yo me sacaba leche con sacaleche. Estaba agotada. No salía mucho. Pero no quería darle mamadera.

Llamé a Cristina, una asesora de lactancia que había conocido hacía ocho años, cuando Ana era bebé. Le dije “probemos a ver qué pasa ahora, no me voy a enloquecer, pero tengo ganas de seguir con la teta. Tal vez el relactador ahora sí sea una opción”.

Con mucha tranquilidad y amor, Cristina nos mostró cómo hacer un relactador casero. Estoy contando una historia personal. Nadie puede hacerlo sin asesoramiento de una profesional que pueda evaluar y seguir cada historia.

Una mamadera finita, la punta de la tetina un poco más abierta y una sonda muy finita. Pusimos en la mamadera la leche que Lulú tomaba con jeringa, metimos un extremo de la sonda en la mamadera prestando atención de que sobrara bastante del otro extremo, que sacamos por el agujero de la tetina. Habíamos armado nuestro primer relactador. Me lo puse entre las tetas, el corpiño lo sujetaba. Y apoyé el extremo de la sonda que quedaba por fuera de la mamadera en mi teta, cuidando que la punta de la sonda terminara justo en el pezón. Lulú se prendió al pecho y así tomó, al mismo tiempo, de mi teta y del relactador con total naturalidad.

Lulú ya tiene 15 meses y yo ya estoy re canchera. Si salgo con ella, llevo el relactador. Volví a trabajar y, cuando no estoy, la bebita toma mamadera. Pero cuando estoy con ella, toma teta con relactador. Se nos volvió natural.

No es lo mismo que dar la teta. Es menos práctico. El relactador hay que lavarlo, la sonda hay que lavarla con jeringa (por lo finita). Pero ésta fue la manera que encontramos mi beba y yo, de mantener la lactancia.

Hace poco en la plaza se acercó una nena y me vió armar el relactador. Me preguntó qué era y le expliqué que la beba tomaba de la teta y de esa manguerita al mismo tiempo. Esperó a vernos en acción. “Está buenísimo, toma teta con pajita”, me dijo.

Comparto mi historia en la Semana de la lactancia materna  #SMLM2017 porque creo que aún nos falta mucho, a varones y mujeres, para no juzgar, para poder acompañar decisiones diversas, para no sentirnos mal cuando las cosas no salen como esperábamos (un clásico de la maternidad), y para buscar y pedir ayuda. ¿Cómo fueron sus experiencias?

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